China mueve el consumo del mundo. Por año se suman 20 millones de nuevos consumidores asiáticos a un mercado que demanda más y más alimentos. Sin embargo no es el único demandante de alimentos. En la última década, el mercado se ha occidentalizado tanto que hasta la comunidad rusa ha incursionado en la búsqueda de expandir su red de comercialización. A esos actores hay que sumarle otro de importancia: India. Todo esto ha llevado a un desplazamiento de la curva de demanda de alimentos en el mundo que debe ser aprovechada por la Argentina, uno de los principales agroexportadores del mundo, planeta el experto Roberto Bisang. Esa dinámica, sin embargo, ha sido peligrosa porque la demanda tuvo una mayor velocidad que la oferta de productos y, por ende, los precios se volvieron más volátiles. En consecuencia, crece la especulación que, en cierta medida, aguzó la crisis alimentaria.
En una charla que mantuvo hace un par de meses con LA GACETA, Bisang afirmaba la necesidad de profundizar el complejo productivo nacional, con el fin de cambiar la imagen de ser un país meramente exportador de productos primarios y animarse a elaborar lo que demanda el mundo. Esa es la misma filosofía que hoy postula la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). "Para los países del Cono Sur, exportadores de materias primas, el desafío es aprovechar la coyuntura actual de precios altos para sentar las bases de una economía más diversificada e inclusiva, manejando adecuadamente la volatilidad y los riesgos asociados a la apreciación cambiaria", dijo Antonio Prado, secretario ejecutivo adjunto de la Cepal, durante una reciente cumbre de representantes continentales en Santiago de Chile.
"Por sus recursos naturales y conocimiento, América del Sur tiene una condición privilegiada para satisfacer la demanda interna por alimentos al mismo tiempo que consolida su posición granero del mundo", puntualizó, por su parte, Alan Bojanic, Oficial a cargo de la Oficina Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), según consigna la agencia NA.
Otro reto destacado por los países, ineludible para enfrentar la volatilidad de los precios agrícolas, es generar mercados transparentes y abiertos, con el estímulo del comercio interregional y el fortalecimiento de los mercados internos, especialmente el trabajo rural, caracterizado por su informalidad y precariedad, se coincidió durante el encuentro en Chile.
"El precio de la canasta básica de alimentos ha crecido tanto en algunos países que ha llegado a sobrepasar los salarios mínimos", señaló Víctor Villalobos, director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). La Argentina, en este sentido, no es la excepción a la regla. Mientras el salario mínimo roza los $ 1.500 mensuales, la canasta básica de alimentos -calculadas por el sector privado- llegan hasta $ 2.400 para una familia tipo.
Frente al nuevo orden económico mundial, las alianzas comerciales resultan estratégicas. En este sentido, los expertos consideran que el Gobierno de Cristina Fernández debe solucionar rápidamente sus diferencias con su principal socio en el Mercosur, Brasil. Sucede que el país gobernado por Dilma Rousseff constituye la gran vidriera del continente en el que los productos argentinos, además de ser exportados por sí, pueden colocarse en ese escaparate para captar otros mercados considerados no tradicionales. De hecho, por lo menos durante la próxima década, el mundo seguirá demandando materias primas y a buen precio, y Argentina y Brasil siempre son observados como uno de los graneros del mundo.